viernes, 8 de marzo de 2013

El Papa Nuevo



Vendrá el Papa Nuevo, el Papa Progre. Lo advertirán los sacerdotes más reaccionarios en sus homilías: se viene la primera trompeta, se viene el zurdaje. Los analistas recorrerán los medios de comunicación y dirán que ya no recorre Europa un fantasma, sino la Bestia.

Aún frente a las fuertes presiones, será elegido en un cónclave que merecería otra nota entera. La fumata blanca se verá por encima de la Capilla Sixtina y algunos obispos díscolos acusarán al Papa Nuevo de apoyar la legalización de la marihuana, olvidando acaso que el humo distingue la elección de todos los papas. El cardenal protodiácono anunciará el habemus papam ante la congregación y faltaran entonces pocos minutos para que el Papa Nuevo dé su primer discurso allí en la Basílica de San Pedro. Después de vacilar un poco, optará por el tradicional “fratelli e sorelle" en lugar de un “compañeros y compañeras” al que tal vez la sociedad no estuviera aún preparada. Al finalizar, la multitud aplaudirá y algún sector desaforado comenzará a ensayar el cántico “Papa, Papa, Papa Corazón / acá tenés tus pibes para la Liberación.”

Como primer medida, contratará a nombre de la Iglesia un tasador y luego –en remate público – dará lugar a la Gran Subasta Mundial de los Techos del Vaticano. La medida será celebrada por las órdenes más progresistas e incluso por otras religiones, como la Iglesia Maradoniana. Por otro lado, será criticado no sólo por los reaccionarios de siempre sino también por sectores de izquierda que calificarán a la medida como populista y que propondrán la abolición de las exenciones de impuestos a la Iglesia como una aún mejor alternativa. Sin embargo, los jóvenes cristianos acusarán a los críticos de hacerles el juego a la Derecha. El Papa seguirá adelante. Impulsará una nueva traducción de la Biblia y, por consiguiente, “una nueva interpretación más cercana al Pueblo”. Recibirá e irá a visitar a las distintas personalidades políticas y a diversos intelectuales; posará para la foto, incluso, con un ejemplar de Las Venas Abiertas del Vaticano junto con sus dos autores Eduardo Galeano y Dan Brown. Multiplicará los panes y el vino y los repartirá sin hacerle el juego a las corpos supermercadistas. Y, en un osado mitin, pasará un camello por el ojo de una aguja para indicarles a los ricos lo difícil que será que entren al Reino de los Cielos.

Desde su Papa Móvil saludará ya no a los fieles, sino a las masas. Un día pedirá remover los vidrios del automóvil para escuchar más de cerca la más maravillosa música. Alzará los brazos, la gente clamará su nombre. Y, en medio de la algarabía, de pronto, se oirá un disparo. Será un disparo atroz, certero, voraz, directo a una de sus piernas. El Papa caerá al suelo, sumamente conmocionado. Cuando vuelva en sí, ya habrá sido reducido. Verá que está en un banquillo frente a siete ancianos en un estrado, canosos algunos, otros calvos, con las mismas arrugas, el mismo rostro ofuscado y la misma mirada inquisitiva. Un señor se encargará de leer los cargos, los cuales el Papa negará. Los ancianos menearán la cabeza y ordenarán que lleven a su celda al prisionero. El carcelero, allí mismo, procederá a la tortura. Más tarde, el Papa se llamará a sí mismo corrupto, pederasta y ateo. Lo llevarán a dar su último paseo. Verá una nueva multitud expectante y, finalmente, dos monaguillos cargando la leña. Prenderán fuego su cuerpo allí mismo, pero el Papa habrá muerto antes, asfixiado por los primeros humos de la hoguera. 


(N. de la R.: nadie lo va a creer, pero lo que acabaron de leer fue escrito antes que Benedicto XVI dimitiera. Por lo tanto, KAZ no se hace responsable ni de dicha renuncia ni de la decepción que pueda llegar a causar el papa que lo reemplace.)

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