miércoles, 27 de marzo de 2013

El bondi que no te lleva



Evade la mirada del chofer, uno cincuenta, apoya la SUBE, se encamina al pasillo. Afortunadamente para Hernán, hay aún unos pocos asientos libres. Ese no porque da el sol, ese tampoco porque viajás contra el tránsito, acá se desocupa este, perfecto uno individual. Desata los habituales nudos de sus auriculares, no, no voy a leer lo que no leí de Pensamiento Científico, toma el celular, revisa ansiosamente sus listas de reproducción, estoy cansado de escuchar siempre lo mismo, ojala tuviese una tarjeta de cuatro gigas así podría poner más temas, elige la olvidada lista denominada “Rock clásico”. Deja el celular en su bolsillo. La mirada, por primera vez, se dirige hacia las personas que compartían el viaje con él. Suena Smoke on the water – el único tema de Deep Purple que conoce pero que está muy bueno – y mira lo que hay allá. Claramente, no puede mirar más que cabezas. Y ve una cabeza rapada a causa de una inminente calvicie, ve dreadlocks, ve el pelo colorado (muy teñido) de una muchacha, ve rulos, ve pelo lacio, ve despeinados, ve pulcros, ve más calvas, ve auriculares muchos más grandes que los suyos, de esos que le daría vergüenza traer puestos, mira hacia la ventana.

Ahora sube mucha gente: seguro que estamos en la estación de tren, donde siempre se llena. Our House in the middle of the street, sus ojos van hacia la muchedumbre ingresante. Ahora ya no ve sólo cabezas, o mejor dicho, sí las ve pero para él lo que ve son caras. Alguien se ubicó en los asientos que están dados vuelta. Esa persona quedó enfrentada a la mirada de todos los pasajeros y – como suele suceder – intentó olvidar la exposición al pegar la sien contra el vidrio y cerrar los ojos. Hernán no la vio como vio las calvas, los dreadlocks, las tinturas, los rulos y los auriculares, no la miró como cuando se mira hacia la ventana, Hernán la observó. Observó su pelo renegrido y ondulado que le llegaba hasta más debajo de los hombros, sus ojos pardos (que abría de vez en cuando, reforzando la teoría de que no dormía), sus labios sin pintar, su nariz en la que había colocado un arito, su remera estirada y clara y – dejando para el final de la enumeración lo que, sin hacer juicios sobre ello, vio primero – un escote que dejaba ver un lunar enorme en uno de sus redonditos pechos. Vio la numeración de la calle, luego la volvió a observar. Más tarde, se subió más y más gente, la lista tocó diez temas, la visión de la muchacha quedó –finalmente – totalmente obstruida. Se bajó.

Dos días después, ahora escuchando a un Charly recurrente, volvía a aparecer la muchacha. Debía ir a estudiar al mismo horario, o no, no, no lleva mochila, lleva una cartera muy pequeña en la que sólo podría caber un pequeño cuaderno que sería incómodo para tomar apuntes. Debe trabajar a esta hora, o no, tal vez sean dos coincidencias, sólo eso. La observó nuevamente, ahora ella parada al lado de la máquina expendedora, soportando los ruegos del chofer que pide a la multitud un pasito adelante, que hay lugar en el fondo. Claro, ella se sube en la Estación y nunca debe encontrar lugar. Yo nunca fui a New York / no sé lo que es París, yo te daría el asiento. O no, no te lo daría, ¿con qué cara me mirarías? Seguro me dirías que soy un pajero, que dándote el asiento quiero llevarte al telo, no, no te lo daría. Pero me gustaría que vinieras más cerca, hacete lugar y hacele caso al chofer. Tuvo que bajarse antes de que eso sucediera.

Sí, debe trabajar en el centro, por eso viene todos los días y por eso se baja después que yo. Hernán se desilusionaba cada vez que llegaban a la Estación y no subía, lo habré tomado muy temprano, qué boludo que soy, o no, ella seguro está de franco, o por ahí no viaja más, se cambió de trabajo y chau, o no, capaz que se levantó tarde, o muy temprano, o por ahí se tomó otro bondi, o alguien la llevó en auto, y quién sería ese alguien, no, como yo decía, que boludo que soy, sólo yo puedo obsesionarme con una mina a la que no veo más que en el colectivo. Es inútil, a menos que. No, ¿hablarle? Ni a palos. Sin embargo, Hernán había pensado en ello en numerosas oportunidades: tenés idea dónde queda la Municipalidad que ya sé muy bien dónde queda pero no se me ocurre otra cosa, tenés hora aunque tengo celular y es obvio que si tiene internet, música y cámara también tiene reloj, sabés cómo está andando el tren vos que lo tomás siempre, no, parece que la persiguiera, claro, no, o tal vez viviera cerca de la Estación, no sé.

Un día lo miró. Sí, me miró. Y se sonrió. Se habrá dado cuenta, debe pensar que soy un boludo, o no, llevaba puestos auriculares, seguro que está escuchando la radio y dijeron algo divertido, algo que la hizo sonreír, y sí, seguro, me miró a mí de casualidad cuando contaban un chiste por la radio. O por ahí me sonrió porque le gusto. O por ahí… ¿Le pregunto por qué? No, seguro lo toma a mal, es como preguntarle de qué te reís, qué te importa pendejo. Sintió que el dedo de otra persona golpeó su hombro. Se quitó sus auriculares de las orejas, sorprendido. Llamalo, repetía una voz ronca. Los dedos eran de un oficinista que le indicó que a través del espejo retrovisor lo miraba el chofer. Vení, acercate pibe. Hernán caminó hacia adelante y le preguntó qué pasaba. El chofer le sugirió con la mano derecha que acercase su oído más cerca de su boca. Hernán obedeció. Pibe, escuchame, ¿vos no te das cuenta de que este bondi no te lleva? Hernán movió la cabeza de arriba abajo.

Faltaban dos paradas para bajarse. En uno de los momentos más portentosos de su vida, se acercó a la chica. Sus dedos tocaron dos veces su brazo izquierdo y la muchacha se sacó sus auriculares. ¿Querés bajarte conmigo? La muchacha sonrió y le dijo que no, que estaba yendo a visitar a su novio que estaba recuperándose en el Fernández de un duro accidente con la moto, que supiera entender. Hernán le pidió disculpas sin que ella terminase de hablar, esbozando una sonrisa diplomática. Taciturno, tocó timbre, saludó al chofer. Caminó las dos cuadras hasta la facultad preguntándose si existiría ese bondi que lo llevara hacia el lugar donde quería llegar.

viernes, 8 de marzo de 2013

El Papa Nuevo



Vendrá el Papa Nuevo, el Papa Progre. Lo advertirán los sacerdotes más reaccionarios en sus homilías: se viene la primera trompeta, se viene el zurdaje. Los analistas recorrerán los medios de comunicación y dirán que ya no recorre Europa un fantasma, sino la Bestia.

Aún frente a las fuertes presiones, será elegido en un cónclave que merecería otra nota entera. La fumata blanca se verá por encima de la Capilla Sixtina y algunos obispos díscolos acusarán al Papa Nuevo de apoyar la legalización de la marihuana, olvidando acaso que el humo distingue la elección de todos los papas. El cardenal protodiácono anunciará el habemus papam ante la congregación y faltaran entonces pocos minutos para que el Papa Nuevo dé su primer discurso allí en la Basílica de San Pedro. Después de vacilar un poco, optará por el tradicional “fratelli e sorelle" en lugar de un “compañeros y compañeras” al que tal vez la sociedad no estuviera aún preparada. Al finalizar, la multitud aplaudirá y algún sector desaforado comenzará a ensayar el cántico “Papa, Papa, Papa Corazón / acá tenés tus pibes para la Liberación.”

Como primer medida, contratará a nombre de la Iglesia un tasador y luego –en remate público – dará lugar a la Gran Subasta Mundial de los Techos del Vaticano. La medida será celebrada por las órdenes más progresistas e incluso por otras religiones, como la Iglesia Maradoniana. Por otro lado, será criticado no sólo por los reaccionarios de siempre sino también por sectores de izquierda que calificarán a la medida como populista y que propondrán la abolición de las exenciones de impuestos a la Iglesia como una aún mejor alternativa. Sin embargo, los jóvenes cristianos acusarán a los críticos de hacerles el juego a la Derecha. El Papa seguirá adelante. Impulsará una nueva traducción de la Biblia y, por consiguiente, “una nueva interpretación más cercana al Pueblo”. Recibirá e irá a visitar a las distintas personalidades políticas y a diversos intelectuales; posará para la foto, incluso, con un ejemplar de Las Venas Abiertas del Vaticano junto con sus dos autores Eduardo Galeano y Dan Brown. Multiplicará los panes y el vino y los repartirá sin hacerle el juego a las corpos supermercadistas. Y, en un osado mitin, pasará un camello por el ojo de una aguja para indicarles a los ricos lo difícil que será que entren al Reino de los Cielos.

Desde su Papa Móvil saludará ya no a los fieles, sino a las masas. Un día pedirá remover los vidrios del automóvil para escuchar más de cerca la más maravillosa música. Alzará los brazos, la gente clamará su nombre. Y, en medio de la algarabía, de pronto, se oirá un disparo. Será un disparo atroz, certero, voraz, directo a una de sus piernas. El Papa caerá al suelo, sumamente conmocionado. Cuando vuelva en sí, ya habrá sido reducido. Verá que está en un banquillo frente a siete ancianos en un estrado, canosos algunos, otros calvos, con las mismas arrugas, el mismo rostro ofuscado y la misma mirada inquisitiva. Un señor se encargará de leer los cargos, los cuales el Papa negará. Los ancianos menearán la cabeza y ordenarán que lleven a su celda al prisionero. El carcelero, allí mismo, procederá a la tortura. Más tarde, el Papa se llamará a sí mismo corrupto, pederasta y ateo. Lo llevarán a dar su último paseo. Verá una nueva multitud expectante y, finalmente, dos monaguillos cargando la leña. Prenderán fuego su cuerpo allí mismo, pero el Papa habrá muerto antes, asfixiado por los primeros humos de la hoguera. 


(N. de la R.: nadie lo va a creer, pero lo que acabaron de leer fue escrito antes que Benedicto XVI dimitiera. Por lo tanto, KAZ no se hace responsable ni de dicha renuncia ni de la decepción que pueda llegar a causar el papa que lo reemplace.)

jueves, 28 de febrero de 2013

Urgencias



Placa roja, anaranjada, sirena, trompeta, ÚLTIMO MOMENTO, URGENTE, ÚLTIMA NOTICIA. Segundos de impaciencia, la imagen parece haberse paralizado. Cómo puede ser que algo que nos parecía tan urgente ahora quede suspendido en el aire por unos cuantos segundos, qué digo segundos, horas, días. Porque uno no sabe lo que van a anunciar, vio. Nos hablarán, tal vez, de un atentado que compromete la seguridad internacional, o no, de un asesinato (que esos ocurren más seguido), o no, de un robo a mano armada, o no, que falleció una actriz reconocida, o no. La ansiedad nos desborda en la casa. ¿Ajuste? ¿Guerra por las Malvinas? Dejá de decir pavadas, viejo. La placa desaparece: en el plano aparecen los dos conductores. La placa reaparece en forma de zócalo – como si ya no fuese tan importante – y ahora los que traen la noticia son ellos, los conductores del programa. ÚLTIMO MOMENTO – o URGENTE o ÚLTIMA NOTICIA, a gusto del editor – repite ahora el zócalo. Un choque, seguro, vieja, esta gente que no se cuida. Los conductores – un hombre lampiño de pelo hirsuto, con traje y corbata y una mujer con rizos, nariz chata, de apariencia muy simpática – no se ven lo suficientemente consternados por lo que irían a anunciar. Gajes del oficio – se dirá – que lo endurecen a uno. Los labios del Conductor, antes de hablar, esbozan una sonrisa. ¡Se viene la lluvia nomás!, exclama y desorienta a los televidentes que logran confirmar el contenido del ÚLTIMO MOMENTO o URGENTE o ÚLTIMA NOTICIA (podríamos llamarlos en adelante “U”) cuando el zócalo ya no dice “U” sino que dice “SE VIENE LA LLUVIA EN CAPITAL”.

Se viene el alivio, señores – vocifera la Conductora – la sensación térmica, fíjense, ya ha bajado dos décimas. Suena No Culpes A La Lluvia Será Que No Me Amas. La pantalla, de pronto, deja de enfocar a los conductores para concentrarse en imágenes del Obelisco, ahora de la Flor frente a la Facultad de Derecho, ahora de Puerto Madero. ¿Será que las nubes grises se encuentran sólo sobre esos lugares? Habrá que ver lo que dicen cuando amplíen la información, como nos han prometido. Mientras pasan las imágenes de esos lindos lugares céntricos de Buenos Aires, el Conductor aprovecha para decir que han llegado los primeros videos caseros a la página de internet del canal. Miren, ha caído granizo en Carmen de Patagones. Ah no, pero qué impresionante cómo caen esas piedras, opina la conductora que vuelve a decir, ¡mirá! Y no sale de su asombro. También nos mandaron videos desde Tandil, un saludo para Tandil, retoma el Conductor, videos también de General Lagos – Provincia de Santa Fe (¡qué grande la gente prendida con nuestro programa desde todos los puntos del país!). General Lagos – acota el periodista deportivo que se encontraba apartado a la izquierda de la Conductora – tierra natal de Roberto Sensini. Ah, un saludo entonces para nuestro querido Sensini, ya nos contás cómo forma Colón que juega contra los Cuervos.  Muchos cambios, adelanta el periodista deportivo. Vuelve, de pronto, la voz femenina de la Conductora y anuncia que el Twitter explotó – así lo dijo: explotó – y que llegan mensajes de los televidentes. Así nos cuenta Ramona de Villa Luzuriaga que acá (suponemos que “acá” es Villa Luzuriaga y no el lugar donde están los Conductores ni mucho menos el Obelisco ni la Flor ni Puerto Madero) ya están cayendo las primeras gotitas. Ricardo de Barrio Norte pregunta si habrá caída de granizo por acá (que es Barrio Norte pero no es Carmen de Patagones, aunque sí podría ser Puerto Madero). El Conductor, por primera vez desde que anunciaron la “U”, pronuncia con el ceño fruncido palabras de corrido: el Servicio Meteorológico y el Gobierno de la Ciudad recomiendan tomar las debidas precauciones con respecto a los automotores que se encuentren en la vía pública, asimismo se ruega a los señores vecinos que no saquen la basura en el atardecer de hoy. Bueno, vamos a una pausa, sugiere la Conductora con una sonrisa impoluta. Pero no se vayan, EN INSTANTES, sirena, trompeta, tenemos más sobre la lluvia. Hay alerta para sur y centro de la Provincia de Buenos Aires, Capital, Gran Buenos Aires y Río de la Plata, ya venimos.

¿Le cambio? No, pará, a ver si dicen algo más. Estruendo. Resplandor. La pantalla se oscurece. Los dedos de ambos aprietan infructuosamente la tecla POWER una y otra vez. Se miran a los ojos. Las gotas caen furiosamente sobre el techo de chapa. ¿Y si vamos a la cama, viejo? Vos mandás, vieja.